miércoles, 19 de septiembre de 2007

propuesta juntada

ahi va la propuesta de ariel q fue por mail para la juntada:

Hola todos. El lunes al terminar el teórico de Feierstein un grupito hablamos a ver si arreglábamos un encuentro. Tiro una propuesta a ver qué dicen. Este sábado a las 11 de la mañana en la puerta de la facu. Pueden proponer otro día y/u horario.

martes, 18 de septiembre de 2007

Entre el Ruido

Un poco en la linea de lo que plantea Ariel, creo que nos debemos cierto tipo de reflexión acerca del estado actual de las cosas. En particular, en analizar ciertas preguntas con respecto al ¿qué hacemos? y en la forma en que las hacemos. No creo que sea un ejercio menor. Preguntas como qué es lo que queremos pedir?, ¿a quien interpelamos? ¿al gobierno? ¿a la "opinión publica"?. Cuales son los elementos que juegan en la disputa? ¿ qué actores intervienen, cuáles son sus intereses? ¿cuáles son nuestros intereses? y, aunque tal vez suene un poco mas dificil, ¿quienes somos nosotros? Y lejos de proponer un debate filosofico, me refiero a pensar en qué "nosotros" estamos hablando cuando lo hacemos. ¿Hablamos de los estudiantes? ¿de los profesores? ¿los no docentes? ¿hablamos de las agrupaciones, las partidarias, las no partidarias, hablamos de los independientes? Si bien no creo que sea definible en este momento, considero importante pensarlo, porque si se quiere encarar un trabajo por una serie de reivindicaciones, estaría piola que en algunas cosas estuvieramos de acuerdo a fin de no disolverse todo en declamaciones cesudas y no tanto. Puntualmente con respecto a la marcha, propongo pensar - en consonancia con lo que planteaba Ariel - cómo se relaciona una marcha con la opinión publica, y con la capacidad de ejercer algún tipo de presión. Y no es un dato menor cómo se presentan en la "gente" las diversas reivindicaciones. Y creo para eso importante pensar en lo que fue ocurriendo los ultimos años con las marchas, piquetes y manifestaciones generales. Si bien la política del gobierno fue la de no reprimir abiertamente (aunque si lo hizo, no siempre reprimió) para presentarse como opción de centro izquierda, la estrategia, pensada o no por el mismmo gobierno, fue pasar las reivindicaciones de la esfera de la politica-publica a la los medios privados. Son las encuestas y los noticieros los que muchas veces manejan la agenda oficial. Y en los medios los piquetes pasaron en pocos años de la seccion de política, de los comentarios de los periodistas-estrellas de las cadenas a ser problemas de tránsito. Es más, en el resumen que se hace hoy, ni siquiera se dice quienes están cortando la calle (y mucho menos el por qué).Lo que hicieron fue, en definitiva, silenciar las protestas con Ruido (algo parecido a la tragedia de la cultura en simmel, para los que la cursaron). Se puede hablar mucho, pero en tanto y en cuanto nadie escuche, las palabras no tienen sentido y como mucho son un sonido mas en el aire. Hay tantas protestas, tantas reivindicaciones, que solo logran cumplir sus objetivos los que
pueden hacer presión de alguna otra manera que la de apelar a la sensibilidad pública, dadas sus condiciones estructurales. No se en qué andara ahora, pero pienso en el caso de los telefonicos hace un par de años como ejemplo.Otra alternativa es la de pertenecer a los que tienen el visto bueno de los medios de comunicacion, además de la capacidad de movilizar recursos (derecha, seguridad, por ejemplo). De cualquier manera, ambas alternativas lo que hacen es salir del ruido, hacerse escuchar (en un sentido amplio del verbo).La pregunta entonces va dirigida a pensar qué dirección es la apropiada en la búsqueda de revivir la educacion universitaria publica. ¿Hay que apuntar a conseguir el favor de la opinión pública? ¿es necesario? Y si lo es, ¿cómo se hace? ¿se hace con marchas que terminan en la seccion de tránsito y que muchas veces obtienen el efecto contrario? No quiero que se me malentienda, no estoy diciendo que una marcha no sirva para nada. En lo absoluto es mi intención decir eso. Pero creo que los métodos de lucha deben responder a objetivos y a preguntas que muchas veces entran en contradicción con los mismos. Si queremos el favor de la gente, deberiamos ver cómo lo conseguimos. La otra posibilidad es que la lucha este planteada como nuestra capacidad de ejercer cierta presión -más practica, digamos- sobre el gobierno. En ese caso sí, la marcha va un poco más en en esa linea con este tipo de objetivo. De lo que dudo es de su efectividad (tanto a corto como a largo plazo). Sería mejor tomar una avenida y no dejarla por una semana, o algo así. Una marcha de 200 personas no ejerce presión. Me encantaría que así fuera, sería todo mucho más simple, pero me parece que las cosas no son así. Las relaciones de fuerza son muy desfavorables y no estamos capitalizando nuestros puntos fuertes. La universidad no es un movimiento social más, o un partido más. Fundamentalmente la facultad de ciencias sociales es la que se dedica a estudiarlos, a estudiar su historia y la política actuales. Nos dedicamos un poco (entre otras cosas) a ver cuales fueron los aciertos y los fracasos de estos movimientos, actores, partidos o etc. Deberíamos aprovechar, aprender y actuar sobre eso en nuestro favor. Necesitamos entender que si bien algunos metodos tuvieron un efecto en algun momento historico, hoy no necesariamente tiene el mismo. Y esto no significa que no tenga ninguno, sino que es diferente, porque el mundo es diferente. Creo que si la idea es de hacer una marcha, debe ser masiva, debe ser expresión de un deseo de la comunidad universitaria y del apoyo de la sociedad en general o al menos de varios sectores: de movimientos sociales, culturales, apoyo de artistas, de intelectuales, etc. No puede ser expresión solamente de una vanguardia. Y para eso es necesario un trabajo más fuerte, más constante y reflexivo. Es mucho mas dificil, pero creo que es la unica manera de salir del ruido y de hablar con fortaleza.

Martin

domingo, 16 de septiembre de 2007

A propósito de la marcha del viernes

Marcha, huellas y garúa. Apuntes a propósito de una tarde en la que no terminaba de llover

¿Qué huellas deja la marcha del viernes? En mí, la amarga sensación de que ninguna. ¿Para quién marchamos? Acaso más para nosotros mismos que para otros, y acaso eso tampoco esté tan mal. Tan mal. ¿A quién interpelamos? ¿Cómo? A la medianoche, en los noticieros que sintetizan “todo lo que pasó en el día”, informan sobre la marcha. Una noticia más. Y a otra cosa.

Lo cierto es que no hubo mucha gente en la marcha. ¿Acaso la lluvia que no terminaba de ser desentendió a muchos? ¡Vamos! No hay peor mentira que la que no se termina de creer.

Cómo saltar al nivel de incumbencia social. Cómo hacer que a la gente le importe. ¿Pero existe la gente o es un invento de Clarín? “La opinión pública no existe” sentencia Bourdieu, adepto a arrojar dardos al sentido común, sentido que, ya sabemos, es la ideología de la clase dominante.

Los medios de comunicación (o de difusión según Urresti) son la tentación de hacer(se) visible masivamente. Pero qué se muestra, cómo, y cómo se interpreta escapa a nosotros y en definitiva a todos. Si Tinelli nos invita a bailar por la renta de todos los ad honorem, ¿vamos?

Creo que la masividad es condición indispensable para cambios políticos de envergadura, pero que mucha gente junta no es lo mismo que mucha gente comprometida en un camino común. ¿Cuánta de la numerosísima cantidad de gente que marchó en el Blumbergazo votaría hoy a Blumberg?

Me inclino a pensar que es mejor empezar por casa. Los resultados serán menos espectaculares de lo que querríamos, pero quizás más consistentes, a lo mejor inspiradores, con suerte trasformadores, o al menos existentes.

Creo que es difícil, no sé siquiera bien a qué me refiero, ni sé por dónde empezar. O quizás ya empezamos y no nos dimos cuenta.

Ariel E. Fidanza

viernes, 14 de septiembre de 2007

Nota de Langieri

Ver nota en: http://www.pagina12.com.ar/diario/universidad/10-91341-2007-09-14.html ---------------------------------------- Página/12 Web :: Buenos Aires, Argentina ---------------------------------------- Universidad Viernes, 14 de Septiembre de 2007 OPINION La vereda y la calle Por Marcelo Langieri *

La Universidad de Buenos Aires atraviesa una situación de empate estratégico entre sus fuerzas en pugna. Unos carecen de la legitimidad necesaria para avanzar y otros carecen de la fuerza suficiente para ir más allá de la impugnación. La renovación, que tuvo mayor o menor éxito según las circunstancias, pudo impedir la asunción de Alterini o imponer la agenda de la reforma. Pero su sectarismo e infantilismo la sometieron a un gran desgaste y alentó la división de los sectores críticos del estado de cosas.
Qué hacer para destrabar la situación, cómo romper el aislamiento de los sectores más dinámicos. Quizás aporte deconstruir una mirada de sospecha sobre el movimiento estudiantil de izquierda, mirada alimentada por una parte de éstos. En la UBA existe una mirada neomacartista de cuño progre que termina muchas veces identificando al estudiante como desestabilizador y que centra su preocupación en la construcción de una hegemonía sobre la base de la imposición del claustro profesoral. Esta mirada ignora que no puede haber universidad sin movimiento estudiantil y que parte del movimiento estudiantil realmente existente es éste. Aquí fracasa el realismo del que se hace gala cotidianamente.
Tampoco puede haber universidad sin profesores (docentes) y difícilmente pueda haber una transformación de la universidad sin la construcción de una relación fecunda entre ambos. Al movimiento estudiantil le cabe hoy la responsabilidad de derrotar las políticas infantiles y consignistas para asumir la lucha por una universidad al servicio de los intereses del pueblo. Que discuta, cuestione y reflexione sobre la rica realidad nacional y latinoamericana sin reduccionismos simplistas y sin el vértigo agitador de una política que termina resultando desmovilizadora.
Si el movimiento estudiantil no resuelve creativamente sus contradicciones, la UBA difícilmente va a salir del actual atolladero. Si su suerte dependiese de la iniciativa y decisión de sus sectores progresistas: ¡ay! de la UBA. Muchas de las circunstancias por las que atraviesa el movimiento estudiantil tienen una relación con la crisis de la izquierda. En nuestra facultad, y de manera especial en Sociología, ser de izquierda, en un sentido amplio, es un valor apreciado por la mayoría.
Los jóvenes militantes, inquietos, críticos, estudiosos, son parte de nuestra mejor tradición. Son la mejor herencia de aquellos jóvenes luchadores, revolucionarios, rebeldes que solemos recordar como desaparecidos. Algunas fuerzas políticas, que lograron preservarse de los efectos de la represión, tuvieron poca relevancia en los ’70, otros creen que la película comienza cuando ellos llegan al cine. Sin embargo, unos y otros no tienen la misma humildad para pararse frente al presente. A éstos corresponde reclamarles cierta austeridad. ¿Quién tiene autoridad para dar lecciones de política o de moral? No se trata de evaluar tendencias políticas: allí están el recuerdo y ejemplo de Emilio Jáuregui, Santucho y del Vasco Bengoechea para comprobarlo. En la Argentina siempre existieron la vereda y la calle, y cada cual estuvo donde tenía que estar.
* Secretario académico de la Carrera de Sociología (Ciencias Sociales–UBA).